Agosto
A las seis de la mañana abrí los ojos en un rapto de desesperada paranoia. De pronto, todo cerraba en un asfixiante pensamiento que te tenía de protagonista (como muchos aspectos de mi vida). Llegué a desconfiar de tu mirada, cristalina y turbia a la vez, de hombre bueno, pero confundido en su propia bondad, como si no quisiera poseerla en cantidades demasiado grandes.
Mi miopía te encuentra en los rincones más absurdos de Buenos Aires. En hombres, en mujeres, en ancianos y jóvenes. A veces quisiera ser perfecta para vos, para que me vieras detrás de las cortinas que hay entre nosotros y me eligieras sin dudarlo. Perfecta como el invierno, perfecta como la primavera más bien. Con este nuevo corte de pelo tengo que cuidar qué me pongo, para no parecer una muñequita de torta, demasiado femenina, demasiado vanidosa, demasiado romántica para un mundo que a todo lo romántico lo rotula de "cursi".
Y ya es Agosto. La incertidumbre de cuánto tiempo más pasaré encerrada en mi propio pecho, abrazada por mis propios brazos y criticada por mis propios ojos, me carcome la piel, y mi voz se hace entonces más fuerte y poderosa para aullarle a la luna llena todas las cosas que soy y que tal vez para siempre seré.
Odio Agosto: no hay ni hojas ocre en el suelo, ni flores rojas en los balcones. Ni vida ni muerte. Vejez. Y Avenida de Mayo se ve tan apocalíptica...
Mi miopía te encuentra en los rincones más absurdos de Buenos Aires. En hombres, en mujeres, en ancianos y jóvenes. A veces quisiera ser perfecta para vos, para que me vieras detrás de las cortinas que hay entre nosotros y me eligieras sin dudarlo. Perfecta como el invierno, perfecta como la primavera más bien. Con este nuevo corte de pelo tengo que cuidar qué me pongo, para no parecer una muñequita de torta, demasiado femenina, demasiado vanidosa, demasiado romántica para un mundo que a todo lo romántico lo rotula de "cursi".
Y ya es Agosto. La incertidumbre de cuánto tiempo más pasaré encerrada en mi propio pecho, abrazada por mis propios brazos y criticada por mis propios ojos, me carcome la piel, y mi voz se hace entonces más fuerte y poderosa para aullarle a la luna llena todas las cosas que soy y que tal vez para siempre seré.
Odio Agosto: no hay ni hojas ocre en el suelo, ni flores rojas en los balcones. Ni vida ni muerte. Vejez. Y Avenida de Mayo se ve tan apocalíptica...

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home